El mundial

Por fin ganamos algo gordo. Lo más gordo del mundo que se puede ganar: una Copa del Mundo de fútbol. Algo lo suficientemente gordo como para paralizar un país entero y hacer Historia. Algo que recordaremos siempre hasta el día en que nos vayamos al hoyo. España ganando un Mundial. Algo inaudito sólo de imaginarlo cuando éramos pequeños. Y ahora es real.

Estos días me he acordado mucho de Naranjito, cuando hace casi 30 años, en un país que intentaba subirse al carro del desarrollo, acogimos un Mundial de fútbol. En todos estos años hemos sido unos pupas, cada vez hemos llegado un poco más lejos en los mundiales, pero siempre con ese

complejo de inferioridad que arrastramos desde hace tanto tiempo (o quizás es congénito). Hasta que desde hace unos años, las cosas parece que empezaron a cambiar, con una generación de deportistas que ganan cosas impensables: Fórmula 1, motos, Tours, Roland Garros, Wimbledons, NBA, y la Eurocopa.

Al ganar el mundial hemos pasado de ser unos eternos aspirantes a algo grande, a ser de los grandes. Esto en cuanto al fútbol. Pero no sólo en esto. Nos hemos limpiado definitivamente de viejos fantasmas, y hemos sacado a relucir que ser español, ondear tu bandera y animar a tu país no es ser un facha ni un nacionalista, aunque les pese a muchos. El triunfo de

La Roja es el de todo un pueblo, hecho de gente diversa y plural, cada uno de su padre y de su madre, de su pueblo y de su provincia. Y cualquiera de los caciques que intentan hacer patria de su pequeño pueblo están equivocados de cabo a rabo, porque la historia nos ha demostrado que cuando estamos juntos, somos mejores y más fuertes. Más solidarios y menos egoístas. Menos diferentes y más iguales.

Ayer vi Invictus, la película de Clint Eastwood sobre Mandela y el mundial de rugby del 95 en Sudáfrica. La historia ha querido que un país como España, sin ser favorito, haya ganado el mundial de Sudáfrica, y lo haya hecho en gran parte empujado por un pueblo –evidentemente no comparable con el que sufría las heridas de Sudáfrica en 1995- pero sí con ciertas cicatrices que supuran de vez en cuando.

Y la peli, a la que encuentro formidable, emocionante, me sugiere unos cuantos paralelismos con la victoria de España en el mundial. Sin ir más lejos, que la victoria de un equipo es la victoria de un pueblo, simboliza el bien común y el entusiasmo colectivo que nos hace iguales a todos. Y esto es positivo, suma a los pueblos y no los resta. Villarriba y Villabajo seguro que se juntaron en la Fuente de Enmedio para celebrar el Mundial.

La forma en que Mandela se sirvió de un deporte de blancos para unir a

todo un país bajo una bandera, un himno y unos colores no es hacer nacionalismo, que es la puta palabra maldita desde el siglo pasado –ojalá la borraran del mapa. Eso es hacer un pueblo, construir una sociedad, unos valores comunes. En realidad, es una gestión de management como la copa de un pino, aunque ahora a cualquier cosa se le llama “management”; no insultemos a Mandela.

Algunos historiadores han dicho que en España habría hecho falta un Mandela para unir la sociedad tras la dictadura. Puede que sea verdad. Pero yo creo que aquí habría sido distinto. Todos estos “héroes

nacionales” que tanto les gustan a los anglosajones aquí no funcionan. Ya hemos tenido muchos. Y nosotros a los héroes los fusilamos. Quizás seamos tan simples como pueblo que lo que necesitamos es un partido de fútbol, o ganar Eurovisión… Pero espero, sinceramente, que lo que ha empezado el otro día ganando un símbolo de alcance mundial, no lo rompan los políticos. Aunque eso a lo mejor ya es demasiado pedir.

Podemos pedir a Vicente del Bosque que gane un mundial de fútbol, pero no pidamos a nuestros políticos que hagan bien su trabajo.

  • Share/Bookmark

Tiempo y Comunicación

Esta semana he asistido a uno de los cursos de verano que imparte la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander. El curso ha sido altamente satisfactorio, y he pasado unos días en una fantástica ciudad como Santander. Todo esto, el curso, el contacto con nuevos colegas de profesión, la ciudad, el ambiente, ayuda a tomar perspectiva de muchos aspectos que la rutina no permite procesar correctamente. Muchas veces no tenemos tiempo para pensar en lo que hacemos y para qué lo hacemos, y eso nos acerca a las neurosis colectivas, que tanto les gusta a los antropólogos y a la psicología social.

Una de las ideas más interesantes que escuché estos días, aplicada a la comunicación y su relación con las nuevas tecnologías, y la difusión del conocimiento y la información sobre y para el desarrollo, fue una muy sencilla. Una vez más, las cosas sencillas son las más sofisticadas. Y era la siguiente: debemos recuperar la propiedad del Tiempo. Como dimensión física, el tiempo se ha convertido en una fuerza de capital. Pero la percepción del tiempo que nosotros fabricamos es irreal: las tecnologías contribuyen, en última instancia, no sólo a masificar la información, sino también, y más profundamente, a cosificarla.

Jugamos con aparatos e instrumentos en varios niveles al mismo tiempo: un volumen extraordinario de información, de acceso libre, instantáneo, global, multimedia. Nos informamos en píldoras de información mientras aprendemos a utilizar los aparatos que nos las sirven. No es sólo que el volumen de información es directamente proporcional a la desinformación generada (spam, basura informativa). También, la globalización de la comunicación conforma una visión distorsionada de la realidad, en el sentido de que ésta, en el fondo, va mucho más despacio que nosotros. “El ser humano tiene el cuerpo en el ciberespacio, pero mentalmente todavía estamos en la savana africana”, explicaba el profesor de la Universidad de Amsterdam Cees Hamelink.

A un robot ya no lo controlamos nosotros. Sin embargo, a una bicicleta sí que la controlamos. “Debemos volver a retomar el control sobre aquello que podemos controlar”. El Tiempo, entonces, es en estos momentos más un bien de consumo que otra cosa. Lo cual tiene que ver con que la proliferación de información, en sí, no valga nada, pierda su valor de contenido, y se mida más por número de interconexiones en las redes sociales, que por lo que verdaderamente ésta aporte. Sin Tiempo, la información es abundante, pero escasa. Por tanto no es valiosa. Con Tiempo, la información puede ser menos abundante, pero será más elaborada y por tanto más valiosa. Seguro que algún teórico tiene alguna fórmula matemática al respecto de este tema, pero me parece apasionante.

Ah, y el símil de la bici me pareció brillante, por supuesto.

  • Share/Bookmark

24 Solo

Las pruebas de resistencia siempre me han atraído. El grado de locura que hay que tener, mezclado con la preparación física y mental lo convierte en un desafío y una prueba de tus límites que lo hace irresistible. Así que este año me apunté a la 24Doce en solitario, a ver qué tal era eso de correr (o participar) durante 24 horas.

Ahora puedo decir que la prueba ha sido superada, pero ha costado. No sabía muy bien qué me iba a encontrar allí, y la verdad es que me encontré con un nivelazo de la mayoría de corredores, muchos rallyman habituales en la competición de cross country, y otros que como yo iban a pasarlo bien y participar. Aparte de todos ellos, estaban los de solitario. Digo aparte porque me parecieron una raza aparte, sin la obsesión por los resultados de los pro, pero curtidos en la bici, perros viejos del mountain con la cabeza fría y las piernas muy duras.

Una especie de misticismo rodeaba la carpa en la que algunos solitarios descansábamos entre vueltas, sin los medios de los equipos semi profesionales, sin masajes, y luchando con uno mismo por hacer una vuelta o dos más. Me pareció una categoría aparte a la que me gustaría parecerme.

Mi carrera fue razonablemente bien. Esperaba mucho más, pero ese día en concreto no me encontré muy bien, no sé si por empezar demasiado fuerte o por no saber dosificar el esfuerzo. El caso es que a la cuarta vuelta ya estaba roto, y no pude recuperarme del todo hasta por la noche. Entonces fue cuando disfruté más. Por la noche di un par de vueltas muy fáciles, y decidí guardarme algo para la mañana del domingo apretar un poco más e intentar llegar a 15 vueltas (me había propuesto hacer 20, pero tuve que corregir sobre la marcha, jejeje).

Sin embargo, mientras descansaba un poco en la tienda (no pude dormir), estuvo lloviendo toda la noche, con lo cual se suspendió la carrera por la mañana y se cortaron los resultados a las 3 am. Nota mental: la próxima vez, hay que dosificar mucho más, no forzar en las horas centrales, y guardar un buen trozo de energía para la noche.

Aún así, el ambiente de la 24Doce fue extraordinario, la deportividad bastante exquisita, y sobre todo, el recorrido fantástico. Un par de singletracks divertidísimos que de noche se volvían una gozada total, y una organización de muy buennivel han conseguido engancharme un poco más al rollo de las maratones y la larga distancia. ¡Larga vida al mountain!

  • Share/Bookmark

Gira 2010

El Team vuelve a la carretera como cada año. La imagen de este año está dedicada a esos locos cachar

ros con los que jugábamos -y seguimos jugando-. Nuestros juguetes preferidos.

Por Chiquito, por la AFMB… ¡Viva el Team!

  • Share/Bookmark

Primos hermanos

Las Harley son una de las marcas de motos más carismáticas del mundo. La legión de seguidores de las Harley son miles, millones diría yo. Un claro ejemplo de cómo una marca ha sido capaz de trascender a su producto, y se ha convertido en una forma de vida, en una leyenda. Los poseedores de una Harley-Davidson son como los marines americanos: forman parte de una hermandad durante toda su vida. Unos usuarios no ya fidelizados a la marca, sino que está interiorizada, es una marca emocional.

Entre los muchos eventos que la marca organiza por todo el mundo, las concentraciones son las más espectaculares. Los fanáticos de las Harley se reúnen en un lugar durante varios días, con conciertos, actividades y actos de todo tipo. En Barcelona, hace dos años, tuvo lugar una de las citas europeas, y este año han repetido.

Es realmente interesante asistir a una de estas movidas. Los moteros de las Harley, por lo general, es gente de lo más normal del mundo, sólo que tiene como pequeño rasgo personal que son unos fanáticos de esta marca. Y claro, eso a veces no es sólo un rasgo personal, sino que transforma toda la personalidad del individuo y se convierte en un modo de vida. Queda claro que para mi hay dos tipos de moteros: los normales, que si acaso van a las carreras de MotoGP, o a la Pingüinos. Y los de las Harley, cuyo árbol genealógico se subdivide en otros varios grupos, clanes y miniclanes.

Vaya por delante mi enorme respeto hacia todos los moteros en general. Pero especialmente, rindo tributo a los de las Harley por varias razones. Primero, los moteros y los bikers tenemos muchas cosas en común. Pero más aún con los de las Harley, o con los chopperos en general. Yo al menos encuentro similitudes en la filosofía del asunto. Ambos buscamos lo mismo: la sensación de libertad bajo dos ruedas. Y de formas parecidas: con una actitud “independiente”, crítica, inconformista, incluso grosera o bastarda. Rock and roll, cerveza, etc.

No hay que olvidar que los primeros moteros norteamericanos de los años 50 eran poco menos que escoria social: incomprendidos, golfos, maleantes. Y los hippies que comenzaron a trucar bicis y ponerles ruedas gordas eran básicamente sus hermanos pequeños.

Es curioso cómo han evolucionado ambos conceptos, convirtiéndose -sobre todo el de las Harley-, en todo lo contrario, -aunque con sus salvedades. Harley es prestigio, es autenticidad, independencia, distinción. Quien tiene una Harley es bien porque tiene bastante pasta y quiere un elemento de distinción, o porque realmente es un puto friki que vive la moto de verdad como si fuera el jodido Dennis Hopper en Easy Rider.

Con las bicis no ha pasado del todo lo mismo. Creo que afortunadamente. Pero quién sabe. Como todos los movimientos contraculturales que importamos de Estados Unidos (en Europa no tenemos contracultura, sólo minorías), quizás esté destinado a cuajar y convertirse en un movimiento cultural per se. Sinceramente, prefiero que siga siendo pequeño.

  • Share/Bookmark

Luis

El otro día fui a ver a Luis, a su cueva de Sabadell. La guarida del lobo. La choza del ermitaño. Considero a Luis una especie de gurú del mountain en este país. Pero un gurú un tanto underground, claro. No me refiero al gurú listillo, sino al tipo auténtico que vive para la bici. Es difícil conocer a una persona como Luis en profundidad, pero en general te da la impresión de estar hablando con el último hombre libre de la Tierra. Un tipo sin más preocupaciones que la bici, sus guitarras, sus diseños y sus historias. Comprometido con su forma de ser y de pensar. Sin ataduras aparentes, y sobre todo sin dobles caras. Lo que ves es lo que hay.

Hablar con él de bicis ya es una obviedad, pero la verdad es que acabas descubriendo nuevas ideas y conceptos. Supongo que mi educación ciclista ha tenido un maestro principal en este tipo, desde que una tarde entré tímidamente en la tienda de la calle Antonio Pérez. Allí me encontré algo a lo que no estaba acostumbrado cuando iba a una tienda de bicis. Había una fauna curiosa. Un pasota arrecostado en el mostrador leyendo una revista de bicis americana, otro arreglando un bicicletón en el taller, otro tío bebiendo birra de una litrona, y otro sentado en el ordenador. Rock de los 70 de fondo. Parecía cualquier cosa menos una tienda de bicis. Y en ese momento, tras el primer intercambio de frases, vi que aquellos tipos con pinta de macarras iban a ser amigos míos. Te vendían su marca, por supuesto, pero sobre todo te vendían calidad y autenticidad. Y eso los convertía en tipos cercanos y sin careta. No es que fueran de pose, es que eran así.

Con el tiempo, alrededor de su tienda he conocido a los mejores amigos sobre la bici, y también fuera de la bici. Y con Luis como una especie de “capo” en la gran familia, he tenido un ejemplo de autenticidad, con sus luces y sombras, como todo el mundo, pero siempre como referente. Una especie de maestro Yoda.

El otro día, decía, no estuvimos hablando del último modelo de suspensión, o de las nuevas horquillas… Estuvimos hablando de política, de la huelga general, de la decepción de las ideas de izquierda en este país, del capitalismo que nos ha ganado, del intolerante nacionalismo, y de otras cosas. Dos madrileños en Sabadell. Dos tipos en bici. Un amigo.

  • Share/Bookmark

User friendly

He cambiado de móvil y me he hecho con uno que tiene GPS. La cosa más normal del mundo, hoy en día. Sin embargo, para mí es un hecho que cambia algo la forma de ver las cosas. La tecnología siempre conlleva más información, más datos, más posibilidades, pero también menos improvisación, menos sencillez, menos “misterio”. ¿Más es necesariamente mejor?

Lo cierto es que estoy escribiendo esto desde mi nuevo móvil con teclado qwerty y estoy encantado, pero me pregunto, siempre lo he hecho, si la tecnología no nos vuelve gilipollas digitales o si realmente mejora nuestra vida. Supongo que un poco de ambas cosas. No le hacemos ascos a un móvil, a Facebook o a Twitter, aunque yo al menos una vez al mes me plantee borrarme de Facebook. Sin embargo, tampoco seré el primero en actualizarme. Dejo que la tecnología llegue mi, no voy a buscarla. Quizás para de alguna forma mantener el misterio lo máximo posible, alargar lo inevitable. Ser engullidos por la obsesión de estar conectados permanentemente, de tener acceso a todo, de hacer el mundo más pequeño y user friendly.

Admiro a mi amigo Willy porque no tiene móvil. Eso sí, a veces lo necesita, y entonces se lo dejo yo. Es decir, es inevitable, porque es útil. Pero los que hemos conocido los teléfonos de rosca y hemos montado toda la vida sin ni siquiera mapas, ni tenemos GPS en el coche, vemos las cosas de otra forma. Está claro que si me he hecho con este móvil es para una sola cosa: encontrar más caminos. Y para eso debe servir. No para estar localizado cuando esté jiñando en medio del campo, sino para perderme más lejos y ver nuevos sitios.

Tirar de GPS en el monte puede ser un atajo para alcanzar buenos y novedosos caminos, pero también una herramienta que te saque de un apuro en un momento dado. Y como cada vez es más fácil llegar más lejos y más profundo en las montañas, no es del todo descabellado poder encontrarse con una emergencia (los dioses no lo quieran).

En fin, hagámoslo práctico. Y sencillo.

  • Share/Bookmark

La apertura

Durante los últimos 5 años he asistido a la apertura de las estaciones andorranas como el que va a la apertura del Space o el Insomnia a Ibiza. Las aperturas de los bike parks son el acontecimiento que marca el inicio del verano para muchos, que peregrinan hasta Andorrra desde todos los rincones de la península.
La apertura de Andorra, en este caso, es una pequeña fiesta de la bici, que nosotros -unos cuantos- hacemos grande. Este año, sólo hemos subido al país de los Pirineos Dani y yo, pero recuerdo que hace unos años nos juntamos una buena pandilla de destructores y arrasamos con los descensos de Vallnord, tanto en la manga diurna como en la nocturna.
Ahora, con un poco de perspectiva, vemos a los muchachos de 20 con un entusiasmo parecido al nuestro, aunque más preocupados muchas veces por el postureo. Mientras nosotros, los viejos lobos que vimos abrir las estaciones de esquí a las bicis a principios de este siglo, recordamos viejos tiempos entre cerveza y cerveza.
-La verdad es que somos unos jodidos abuelos de la bici, Dani.
-Si te das cuenta, por delante de nosotros sólo hay una generación de gente más mayor, la que empezó a montar en bici por la sierra, por ejemplo,
-Cierto, cierto… ¿quieres otra birra?

Así que este año, la apertura de Andorra ha tenido un aire un poco nostálgico, motivado también por ser la primera vez de Dani después de su vuelta a España, y… porque ¡coño! somos unos putos master 30 con el culo pelado de montar en bici. Poco efecto nos producen ya los descensos vertiginosos y la adrenalina. Nos excita más recordar cuando bajábamos por esos sitios hace 5 años, y darnos cuenta de que ahora lo podemos seguir haciendo, y haciéndolo bien.
En cuanto a las novedades, este año no ha habido destrucciones ni nada, simplemente nos hemos hinchado de satisfacción al ver que seguimos aquí, disfrutando de la bici cada vez más. Y por supuesto, esto sirve de calentamiento para el verano: la semana sagrada de cada año está más cerca.
  • Share/Bookmark

El mirlo

Un mirlo viene casi todas las mañanas a la terraza, y se posa en la empalizada que la rodea. Previamente, por supuesto, el mirlo o los mirlos (para mí que es una familia pequeña) han estado cantando durante un buen rato. De hecho, es el primer sonido que escuchamos por las mañanas mi novia y yo. El sonido limpio y claro de un pájaro, que se expande por todo el interior de la manzana. Nuestra terraza da al exterior, que es en realidad el interior de una manzana entera, y en ella hay jardines de casas bajas y bastantes árboles. De forma que cualquier sonido animal o humano tiene amplio eco en todo el recinto, más si es un piso alto como el nuestro.

En un momento dado, ya durante el desayuno, y supongo que dando un primer paseo matutino en busca de su propio pétit dejeuner, el mirlo se posa en los palitos de la empalizada. Allí se queda, mirando a todo el recinto como cuando uno se asoma al balcón a ver el paisaje. Supongo que le gusta contemplar sus dominios, los sitios por donde vuela y se busca la vida a diario. Para tener una perspectiva de su propio espacio, y eso. Desperezarse, pensar qué va a hacer hoy, cuál va a ser el menú del día, ese tipo de cosas. El pájaro se queda allí un rato, hace caso omiso si yo le he dejado algún trozo de pan, y sigue a lo suyo. A veces caga en las macetas desde lo alto de la empalizada. Claro, quizás sea eso también, una especie de retrete suspendido. Cagar mientras pensamos, tan típico.

Y luego se va, y hasta otro día.

Ya tiene nombre. Le voy a llamar Señor Gómez, por sugerencia de un amigo. Realmente lo encuentro apropiado. Con su trajecito negro de oficinista, el mirlo se levanta temprano para buscarse la vida y volver a casa con los suyos, trayendo algo de comer. Incluso tiene su ritual para cagar mirando al horizonte. No cabe duda, el Señor Gómez es un sibarita.

  • Share/Bookmark

¿Dónde está la verdad?

En el mundo que nos ha tocado vivir hay tanta intoxicación informativa que dan ganas de vomitar. No sólo por culpa de los medios. La propia condición humana, la evolución del pensamiento, quizás tenga como destino final una jodida intoxicación masiva que termine por autodestruirnos. Necesitamos dar explicaciones a un mundo cada vez más complejo, y para ello necesitamos ciertas fórmulas o estándares, plantillas sobre las que componer una realidad finita: la democracia, lo políticamente correcto, la demagogia de un discurso de izquierdas, la insolidaridad de un discurso liberal, las ideas de estado, nación. Ciertos márgenes ideológicos, sociales y, en definitiva, como dicen los latinoamericanos, la cosmogonía que nos ayuda a explicar nuestro mundo.

¿Garzón es un héroe o un villano? ¿Es justo lo que ha pasado con él, o es un ataque total contra el imperio de la ley? Yo tengo mi opinión, como todos la tenemos, pero no es la verdad. Y aunque ésta existiera, dudo que se alcanzara, y más aún, se aplicara dentro de este Sistema intoxicado.

¿Es la crisis económica fruto de un sistema capitalista podrido? ¿Acaso todo fue una farsa cuando nos dijeron que se iba a “refundar” el capitalismo? ¿Acaso no vivimos sometidos otra vez por el Mercado, el gobernante mundial al que nadie ha votado?

Respecto a lo que ha pasado hoy en Gaza, sigo atónito por la desproporción. Del ataque, de la injusticia, de la impunidad. Y de la contrainformación que circula y que forma parte del discurso que justifica el sionismo. No me creo nada que venga de Israel, porque son expertos en manejar la información. Como tampoco me creo todos los discursos palestinos que saben que su causa vende y les mantiene vivos mientras los grupos terroristas crean prósperas franquicias. Pero ante una injusticia como la del pueblo palestino, que es real y verdadera, al menos en buena parte, sé que los más fuertes tienen más ventajas que los más débiles, en todos los casos. Eso, aunque tenga sus matices grises, ya es una motivación para dar explicación a esa verdad; una de las muchas que pueden coexistir, quizás. En realidad, quizás haya que elegir las verdades de cada uno para dar explicación a un mundo injusto. Quizás el ser humano tenga esa limitación.

La cuestión tiene enormes implicaciones… Pero si algo he aprendido últimamente, de gente como Gervasio Sánchez, por ejemplo, con quien coincidí en el Sáhara, es que la prensa tiene que tomar partido sin lugar a dudas denunciando la injusticia. Si no, acaba por hacerse cómplice del poder y de los poderosos. ¿Es Álvaro Uribe un héroe por acabar con las FARC, o es un asesino por utilizar la guerra sucia, apoyando a los paramilitares para acabar con el terrorismo y llevándose por delante colateralmente a miles de civiles? Yo no sé la verdad. Podría poner sobre la mesa argumentos a favor y en contra de la misma idea, pero la complejidad desbordaría. Sí sé que la Prensa ha estado confrontada con el Poder históricamente, y que su misión, en último término, es servir al pueblo y a la justicia. Dicen los manuales que “servir a la verdad”. ¿Qué verdad? ¿La verdad de las empresas informativas? ¿La verdad de un grupo de presión que sustenta al medio? La verdad, en un sistema intoxicado, también lo está.

En estos días, la Prensa forma parte de ese Poder, lo cual enturbia toda la forma de entender el mundo y el pensamiento humano. Se confunden y se mezclan las ideas; la impunidad campa a sus anchas por más que los medios destapen escándalos, obviamente aquellos que interesan a unos u otros en un momento dado. Por eso, es más necesario que nunca denunciar la injusticia y a quienes la ejercen, ocultan y manejan. Aunque, efectivamente, sea inútil muchas veces.

  • Share/Bookmark



Embed Plugin created by Jake Ruston's Wordpress Plugins - Powered by Envision Monitors and find a credit union.